Darren Woods, el ingeniero discreto que terminó al mando de ExxonMobil
Darren Woods conduce ExxonMobil desde 2017, tras una carrera de más de dos décadas dentro de la compañía.
Hay nombres que mueven mercados sin necesidad de levantar la voz. El de Darren Woods es uno de ellos. Al frente de una de las corporaciones energéticas más grandes del planeta, este hombre de perfil sobrio y trato reservado dirige decisiones que repercuten en precios, en geopolítica y en la vida de millones de personas que probablemente nunca escucharon su nombre. Conocer su recorrido ayuda a entender no solo a un ejecutivo, sino a toda una manera de pensar el negocio de la energía.
Una infancia en movimiento
Darren Wayne Woods nació el 16 de diciembre de 1965 en Wichita, Kansas. El trabajo de su padre como proveedor del sector militar marcó su niñez: la familia se mudó una y otra vez, viviendo cerca de bases estadounidenses repartidas por distintos rincones del mundo. Esa crianza nómade, sin raíces fijas, suele asociarse a su carácter metódico, adaptable y poco amante de los reflectores. Aprendió temprano que el mundo es grande y que las reglas cambian según dónde uno esté parado, una lección que después le resultaría útil al frente de una empresa global.
De las aulas de ingeniería al primer escritorio
Su formación apunta directo al corazón técnico del negocio. Se recibió de ingeniero electricista en la Universidad de Texas A&M y más tarde sumó un MBA en la prestigiosa Kellogg School of Management de la Universidad de Northwestern. Con ese doble bagaje —el rigor del ingeniero y la mirada del administrador— entró a Exxon en 1992 como analista de planeamiento en Florham Park, Nueva Jersey. No llegó como una estrella contratada desde afuera: empezó desde abajo y construyó su carrera ladrillo por ladrillo.
Una carrera forjada en refinerías y química
Durante más de dos décadas, Woods fue rotando por destinos nacionales e internacionales dentro del universo Exxon. Pasó por la división de química, por la de refinación y suministro, y acumuló experiencia en operaciones complejas y de alto riesgo. En 2005 fue nombrado vicepresidente de la compañía química, en Houston, a cargo de negocios de especialidades. En 2008 se mudó a Bruselas como director de refinación para Europa, África y Medio Oriente. Cada paso lo acercaba al núcleo donde se generaba buena parte de las ganancias del grupo.
El salto a la cúpula
A diferencia de su antecesor, Rex Tillerson, más identificado con la exploración y los grandes acuerdos, Woods se formó del lado menos vistoso pero enormemente rentable del negocio: las refinerías y la petroquímica. Cuando Tillerson dejó la conducción para asumir como secretario de Estado, la empresa buscó continuidad y solidez operativa, y encontró ambas cosas en él. El directorio lo designó presidente y director ejecutivo con efecto desde el 1 de enero de 2017.
Más que un cargo: una voz del sector
Desde entonces, Woods concentra los dos roles más altos de la corporación y se transformó en una de las figuras más influyentes —y también más cuestionadas— de la industria energética mundial. Integra espacios de peso fuera de la empresa, como instancias de la industria petrolera y centros de pensamiento estratégico, y sus posiciones sobre la transición energética generan debate cada vez que las expresa. Su nivel de compensación, que se estima en decenas de millones de dólares por año, lo ubica además en el centro de la discusión sobre los salarios de los grandes ejecutivos.
Un protagonista del presente
Lejos de ser una figura del pasado, Woods sigue en el ojo de los grandes movimientos del sector: litigios históricos que la compañía mantiene vivos durante años, reuniones de alto nivel sobre el futuro energético de la región y apuestas tecnológicas que buscan reposicionar a la empresa. Entender quién es ayuda a leer hacia dónde se mueve una industria que, nos guste o no, sigue ordenando buena parte de la economía global.