Conrado Estol: cuarenta años dedicados a prevenir el ACV

Conrado Estol: cuarenta años dedicados a prevenir el ACV

Conrado Estol desarrolló gran parte de su carrera alrededor de la prevención vascular, el tratamiento del ACV y la divulgación médica.

Conrado Estol nació en Manhattan, se formó en algunos de los centros médicos más exigentes de Estados Unidos y, cuando le ofrecieron ser profesor de Neurología en Boston, decidió volver a la Argentina. Especialista en accidentes cerebrovasculares, fue parte de las primeras investigaciones sobre las drogas que hoy son el tratamiento de referencia para el ACV, fundó un centro dedicado a la prevención vascular y se convirtió en uno de los divulgadores médicos más seguidos del país. Cuatro décadas después, sostiene que su oficio se apoya en algo que ninguna tecnología reemplaza: el vínculo con el paciente.

Entre Nueva York y los viñedos de Mendoza

Estol nació en el Doctor’s Hospital de Manhattan y pasó la infancia entre dos mundos: los inviernos en Nueva York y los veranos en los viñedos de Mendoza. Él mismo cuenta que esa vida partida en dos moldeó su carácter y, con el tiempo, su vocación. Su padre, también llamado Conrado Estol, es ingeniero aeronáutico.

Estudió Medicina en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1982, y más tarde obtuvo el doctorado con una tesis sobre las complicaciones neurológicas del trasplante hepático, calificada como sobresaliente.

La formación en Estados Unidos

Después de recibirse, viajó a Estados Unidos para completar su entrenamiento. Hizo la residencia de Clínica Médica en hospitales afiliados al Mount Sinai de Nueva York y la de Neurología en la Universidad de Pittsburgh. La especialización en ACV la realizó en Boston, en el New England Medical Center de la Universidad de Tufts y en el Spaulding Rehabilitation Hospital de Harvard, junto a Louis Caplan, una de las figuras más reconocidas del mundo en enfermedad cerebrovascular. También obtuvo la certificación del Consejo Norteamericano de Neurología y Psiquiatría, un examen voluntario que no todos los neurólogos de ese país deciden rendir.

Esos años coincidieron con dos momentos que marcaron la medicina moderna. Vivió de cerca la irrupción del sida y fue testigo de los primeros tratamientos exitosos con drogas para el ACV. En 1988 trató a uno de los primeros pacientes del mundo con medicamentos trombolíticos, que disuelven los coágulos que bloquean las arterias del cerebro. Participó en aquellas investigaciones iniciales, que terminaron convirtiendo a esas drogas en el tratamiento de referencia para el ACV.

La decisión de volver

Con esa formación y una oferta para ser profesor de Neurología en Boston, Estol eligió regresar a la Argentina a comienzos de los años noventa. Explicó que pesó más el sentido de pertenencia y la necesidad de estar cerca de su familia y sus amigos que cualquier ventaja económica o profesional del sistema estadounidense. Todavía recuerda la angustia que sentía cada vez que viajaba en auto hacia Ezeiza para volver a Estados Unidos, y dice que por eso está acá.

También pesó una convicción profesional: creía que en la Argentina el ejercicio de la medicina podía darle más satisfacciones y que sus aportes iban a tener un impacto mayor.

Breyna y la prevención como método

En 1996 fundó Breyna, un centro de neurología y cardiología dedicado a la prevención de la enfermedad vascular. El centro trabaja en equipo, con una misma historia clínica electrónica para cada paciente y, según sus propios datos, cambia el diagnóstico en casi el 30% de las consultas y el tratamiento en cerca del 80% de los pacientes evaluados, con un uso bajo de estudios y de indicaciones quirúrgicas.

Trajo a la Argentina técnicas de rehabilitación que había aprendido en Boston y armó el primer grupo de terapistas dedicado a la rehabilitación neurológica del ACV con técnicas de neurodesarrollo. Con los años sumó otros proyectos: está vinculado a la Unidad de ACV del Sanatorio Güemes, fundó las empresas de investigación clínica Stat-Research y Biomakers, y más recientemente abrió Xtend Longevity, una clínica dedicada a la longevidad.

Un currículum académico internacional

Su producción científica supera las 170 publicaciones, la mayoría en revistas internacionales. Incluye unos 50 trabajos originales, en su mayoría como primer autor, 40 capítulos de libros, 20 editoriales y cartas, 60 presentaciones en congresos y un libro como editor.

Fue profesor visitante de Neurología en París y en Cleveland, integró comités organizadores y científicos de congresos mundiales de neurología y enfermedad cerebrovascular, y en 2007 organizó el Día Mundial del ACV en República Dominicana. Durante dos años presidió el Club de Harvard en la Argentina.

De la consulta a las redes

En los últimos años, Estol sumó un rol que excede el consultorio: el de divulgador. Su cuenta de Instagram reúne cerca de dos millones de seguidores, a los que les habla de sueño, hábitos, prevención y longevidad. Escribió el libro A mí no me va a pasar, cuyo título resume la actitud que intenta desarmar entre sus pacientes: la idea de que las enfermedades vasculares siempre les ocurren a otros.

Suele citar un estudio de la Clínica Mayo según el cual menos del 5% de las personas cumple con los hábitos básicos de una vida sana, y dice que su experiencia en la consulta confirma esa cifra. Entre sus temas de divulgación figura un análisis sobre la tragedia de los Andes, en el que explicó cómo la hipotermia pudo proteger el cerebro de uno de los sobrevivientes, al que habían dado por muerto y dejado sobre la nieve a la entrada del fuselaje.

Cuarenta años de carrera

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró Personalidad Destacada en el ámbito de la Salud al cumplir 40 años de trayectoria. En el acto, realizado en el Salón Montevideo, su padre tomó la palabra para repasar los hitos de la carrera de su hijo.

En una entrevista reciente, Estol resumió su recorrido con una idea que atraviesa también su trabajo clínico: la base de todo son los vínculos. Para él, la conexión con el paciente sigue siendo irreemplazable, aun en una época en la que la tecnología médica avanza más rápido que nunca. Tal vez sea la misma razón por la que, hace más de treinta años, eligió subirse a un avión de vuelta a la Argentina.