Tarek Ali Zaki: fundó su primera empresa antes de recibirse y hoy desarrolla terapias contra el cáncer
Tarek Ali Zaki cofundó OncoPrecision para llevar una tecnología nacida en Córdoba al desarrollo global de tratamientos oncológicos personalizados.
Tarek Ali Zaki tenía 24 años cuando fundó su segunda empresa. La primera había sido una startup de comida; la segunda, una compañía que crea copias microscópicas del tumor de cada paciente para probar en ellas los tratamientos antes de aplicarlos en una persona. Hijo de inmigrantes egipcios, nacido en la Argentina y formado en una universidad estadounidense especializada en emprendedorismo, hoy dirige desde Nueva York una biotecnológica nacida en un laboratorio de Córdoba que busca cambiar una de las prácticas más dolorosas de la oncología: el ensayo y error.
Un chico de Babson
Zaki nació en 1996 en la Argentina, en una familia de inmigrantes egipcios. Entre 2014 y 2018 estudió Administración de Empresas con orientación en Emprendedorismo en Babson College, la universidad de Massachusetts conocida precisamente por formar fundadores de empresas.
Antes de terminar sus estudios ya estaba emprendiendo. Entre 2017 y 2019 fue cofundador y director financiero de Ando, su primera compañía. Esa experiencia temprana, y el hecho de haber salido de ella, lo convirtió en lo que el ecosistema estadounidense llama un fundador reincidente, alguien que vuelve a empezar con un aprendizaje previo.
El laboratorio de Córdoba
El origen de su proyecto actual está lejos de Nueva York. OncoPrecision nació a fines de 2020 inspirada en el trabajo de un laboratorio de una universidad nacional argentina, en Córdoba. Zaki la fundó junto a tres científicos: Gastón Soria, licenciado en Genética y doctor en Biología, exbecario doctoral de la Fundación Instituto Leloir y hoy director científico de la empresa; Candelaria Llorens de los Ríos, directora de operaciones de laboratorio; y Gerardo Gatti, enlace médico y científico.
Ese cruce define a la compañía: una base científica argentina con una estructura de negocios pensada para competir en el mercado global de la biotecnología. La empresa mantiene su laboratorio en Córdoba, alojado en la Fundación para el Progreso de la Medicina, y sus oficinas centrales en Nueva York.
Qué es un avatar del paciente
La tecnología que desarrollaron se llama Patient Micro Avatar. La idea es relativamente simple de explicar y muy difícil de lograr: tomar células del tumor de un paciente a partir de una biopsia y recrear fuera del cuerpo el ambiente en el que esas células viven.
Para eso combinan las células del paciente con células modificadas que buscan engañar al tumor, haciéndole creer que sigue dentro del organismo. Con esa mezcla arman versiones miniaturizadas del cáncer de esa persona y les aplican distintas drogas, solas y combinadas, al mismo tiempo. El proceso puede arrojar resultados en alrededor de una semana.
Zaki lo resumió con claridad en una entrevista radial argentina: replican el cáncer que tiene el paciente, lo duplican y analizan cuál es la mejor solución.
El objetivo es doble. Por un lado, darle al oncólogo información concreta para elegir la terapia adecuada desde el inicio. Por el otro, ayudar a la industria farmacéutica a desarrollar medicamentos con mayor probabilidad de éxito. Otro punto que Zaki destaca es la calidad del material de trabajo: usar muestras de cáncer frescas y actuales en lugar de las líneas celulares antiguas con las que todavía se investiga en muchos lugares.
La discusión de fondo
Detrás de la tecnología hay una crítica a cómo funciona hoy la oncología. Zaki y su equipo sostienen que el modelo dominante todavía es el de una talla única para todos, y que el primer tratamiento debería ser ya un tratamiento de precisión.
Es un planteo incómodo para una industria enorme y muy establecida, y por eso la empresa se apoyó en validación clínica. OncoPrecision realizó estudios con varios centros oncológicos para sus modelos de leucemia mieloide aguda y leucemia linfoblástica aguda, y avanza en el desarrollo de la tecnología para otros cánceres hematológicos y tumores sólidos.
El desafío es el mismo que enfrenta toda la medicina personalizada: demostrar con evidencia que lo que ocurre en el avatar predice lo que va a ocurrir en el paciente. La compañía eligió el camino de la validación con instituciones médicas antes de salir a escala.
Dinero y reconocimiento
La empresa pasó por IndieBio, la aceleradora biotecnológica de SOSV, en su camada de San Francisco de 2021. En abril de 2022 cerró una ronda semilla de 3,3 millones de dólares que llevó su financiamiento total a 4,2 millones. Participaron SOSV a través de IndieBio, GRIDX, New York Ventures, el brazo de capital de riesgo del Estado de Nueva York, Creative Ventures y la Fundación para el Progreso de la Medicina, además de fundadores con salidas exitosas, inversores ángeles y family offices.
En 2024, el diario La Nación lo incluyó entre los tres emprendedores argentinos que despertaron el interés de Marcos Galperin, junto a Matías Viel, de Beeflow, y Jairo Trad, de Kilimo. Al explicar su visión, Zaki habló de un futuro en el que el tratamiento del cáncer sea más dirigido y eficaz, y en el que se minimice el enfoque de prueba y error sobre los pacientes.
De los avatares a los anticuerpos
La compañía evolucionó desde entonces. Además de su plataforma de diagnóstico funcional, hoy se define como una empresa de terapias oncológicas de nueva generación que usa biología derivada de pacientes a gran escala y herramientas de inteligencia artificial para desarrollar medicamentos con mayor probabilidad de éxito clínico.
Ese giro se ve en su agenda reciente. En 2026, la empresa presentó datos preclínicos de ONC001 en el congreso de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer, en San Diego. Se trata de un conjugado anticuerpo-fármaco dirigido a la proteína CD64, diseñado para atacar selectivamente monocitos leucémicos y macrófagos asociados a tumores. En junio de ese año, Zaki participó junto al director médico de la compañía en la convención internacional de la industria biotecnológica, también en San Diego, buscando socios estratégicos.
Un fundador de treinta años
Zaki tiene hoy treinta años y dirige una empresa de entre once y cincuenta empleados repartidos entre dos países. Su perfil público es austero: casi no publica en redes y su presencia se limita a comunicaciones de la compañía.
Lo más interesante de su historia no es la velocidad, sino la combinación. Un emprendedor formado en negocios que se asoció con científicos de una universidad pública argentina para llevar al mercado global una tecnología nacida en un laboratorio de Córdoba. En una industria donde las buenas ideas científicas suelen quedarse en los papers, esa sociedad entre el laboratorio y la gestión es, quizás, su aporte más concreto.