Franco Rodríguez Viau: a los 22 años dirige la startup argentina que le gana minutos al fuego
Franco Rodríguez Viau convirtió un proyecto escolar en Satellites on Fire, una plataforma que monitorea millones de hectáreas y anticipa focos de incendio mediante satélites e inteligencia artificial.
En 2020, mientras el fuego arrasaba las sierras de Córdoba, Franco Rodríguez Viau tenía 16 años y veía por televisión cómo amigos de su familia perdían todo. En lugar de quedarse con la bronca, convirtió esa frustración en un trabajo práctico de la escuela técnica junto a dos compañeros. Seis años después, esa tarea escolar se llama Satellites on Fire, monitorea 92 millones de hectáreas, opera en más de veinte países, levantó 2,7 millones de dólares y detecta focos de incendio, en promedio, 35 minutos antes que el sistema de la NASA. Todo eso después de que más de cien inversores le dijeran que no.
Pandemia, fuego y un aula técnica
El origen tiene fecha y lugar. Era 2020, plena pandemia, y los incendios castigaban varias provincias argentinas. Rodríguez Viau recuerda ese momento como algo horrible: algunos amigos suyos se quedaron sin casa y él quiso hacer algo al respecto.
Estudiaba en la Escuela Técnica ORT de Buenos Aires junto a Joaquín Chamo y Ulises López Pacholczak. Los tres decidieron canalizar esa impotencia en un proyecto curricular. No pensaban en fundar una empresa: buscaban una respuesta para las familias afectadas en las zonas de alto riesgo.
Antes de escribir una línea de código hicieron lo que muchas startups saltean. Pasaron meses hablando con bomberos y brigadistas para entender qué impedía detener los incendios a tiempo.
“Esto no sirve para nada”
El primer prototipo detectaba incendios con imágenes satelitales, pero tenía un problema grave: la información llegaba con tres a cinco días de demora. Cuando lo presentaron ante organismos nacionales de manejo del fuego y ante un parque nacional, la respuesta fue tajante. Lo que habían construido no servía: necesitaban detección temprana, no un informe de lo que ya había pasado.
El golpe fue duro, pero terminó siendo el verdadero punto de partida. De ahí salió la regla que hoy define a la empresa: primero escuchar el problema, después construir la solución.
Diez satélites y una alerta por WhatsApp
El sistema actual funciona de otra manera. La plataforma procesa información de más de diez satélites, actualizada cada diez minutos, y la cruza con modelos propios de inteligencia artificial. Cuando detecta un foco, envía alertas a brigadistas, gobiernos y empresas por WhatsApp, mensaje de texto o correo electrónico.
El resultado es el dato que los volvió conocidos: detectan focos, en promedio, 35 minutos antes que el sistema FIRMS de la NASA, y en algunos casos logran anticiparse hasta tres horas. En un incendio forestal, ese margen puede ser la diferencia entre apagar un conato y perder miles de hectáreas.
Rodríguez Viau explica por qué importa tanto: muchos incendios empiezan en zonas remotas donde no hay nadie, nadie se entera y para cuando se detectan ya son catastróficos.
El modelo de negocio separa dos cosas. La visualización básica es gratuita, con el objetivo de concientizar sobre los incendios, y el acceso a las alertas es la parte paga del sistema.
Cien puertas cerradas
Levantar capital no fue sencillo. El propio Rodríguez Viau lo contó sin adornos: más de cien inversores les dijeron que no antes de que cerraran la ronda de 2,7 millones de dólares, con Dalus Capital entre los participantes.
Ese dinero les permitió acelerar la expansión internacional. La empresa opera hoy en más de veinte países, con Estados Unidos y Brasil como mercados prioritarios. En 2026 empezó a vigilar todo el territorio español, en un año en el que el fuego arrasó allí más de 300.000 hectáreas, una superficie equivalente a cinco veces la ciudad de Madrid.
El club de Google y Bezos
Dos noticias recientes cambiaron la escala del proyecto. Satellites on Fire se convirtió en la primera compañía comercial del mundo en sumarse al Early Adopter Program de FireSat, la constelación de satélites impulsada por Google y por el fondo de Jeff Bezos, diseñada específicamente para detectar incendios.
Rodríguez Viau explicó la diferencia en términos prácticos: trabajaron seis años con satélites que nunca fueron construidos para mirar fuego, y esa fue siempre su limitación. FireSat, en cambio, nace para eso, y que esos datos lleguen a quienes ya usan su plataforma cambia el tiempo de reacción.
Poco después, la startup quedó como finalista del Earthshot Prize 2026, el premio ambiental creado por el príncipe Guillermo. El fundador lo celebró señalando que llegar a esa instancia seis años después los emociona, y que les abre la puerta de gobiernos, agencias y empresas que podrían estar detectando incendios peligrosos en minutos.
Un CEO de 22 años
Rodríguez Viau conduce hoy una empresa con presencia en cinco continentes sin haber cumplido los 23. Sus dos socios de la escuela siguen a cargo de áreas clave: Chamo en tecnología y producto, y López Pacholczak en innovación.
Entre las lecciones que suele compartir hay una sobre los acuerdos entre socios: cuando una empresa empieza a crecer y aparece dinero de por medio, esas conversaciones se vuelven bastante más difíciles de discutir. Es una advertencia poco habitual en un fundador joven y dice bastante sobre cómo mira el negocio.
También aplica en su propia gestión lo que vende. Desde hace meses trabaja con agentes de inteligencia artificial para automatizar tareas internas y acelerar decisiones, con un objetivo claro: que cada vez más cosas se automaticen para poder concentrarse en lo importante.
De la frustración al producto
La historia de Satellites on Fire suele contarse como la de unos chicos que le ganaron a la NASA, pero el dato más interesante está antes de eso. Está en el momento en que les dijeron que su invento no servía y, en lugar de abandonarlo, volvieron a preguntar qué se necesitaba de verdad.
El propio Rodríguez Viau lo resume en una idea que repite: si un equipo padeció una ineficiencia real, ahí hay una oportunidad de producto. Él conoció esa ineficiencia mirando arder las sierras a los 16 años, y decidió no mirar para otro lado.