Así construyó Hugo Sigman un grupo que va de los remedios al cine argentino
Hugo Sigman construyó junto a Silvia Gold un grupo empresarial que combina farmacéutica, biotecnología, agronegocios y producción audiovisual.
En 1977, un médico psiquiatra argentino de 32 años que había escapado de la dictadura fundó en Barcelona, junto a su esposa bioquímica, una pequeña empresa de principios activos farmacéuticos. Medio siglo después, ese emprendimiento se convirtió en el Grupo Insud, un conglomerado presente en unos cincuenta países, con alrededor de 18 plantas industriales y 7.000 empleados, que produjo el principio activo de la vacuna de AstraZeneca para toda América Latina. Por si fuera poco, la misma empresa está detrás de Relatos salvajes, El Clan y El Eternauta. Hugo Sigman es hoy la segunda mayor fortuna de la Argentina y, a la vez, uno de los empresarios menos expuestos del país.
Un médico que se fue del país
Sigman nació en Buenos Aires en 1944 y estudió Medicina en la Universidad de Buenos Aires, con especialización en Psiquiatría. Su carrera profesional parecía encaminada al consultorio, pero el golpe militar de 1976 cambió todo: se exilió en España.
Allí, junto a Silvia Gold, doctora en Bioquímica y su esposa, fundó en 1977 la primera empresa de lo que sería su grupo. La llamaron Chemo y arrancó comercializando principios activos farmacéuticos. El objetivo que se fijaron no era menor: producir medicamentos de alta calidad a un precio accesible.
Esa formación doble, un médico y una bioquímica, explica bastante del rumbo posterior. Sigman suele decir que lo que les permitió crecer fue el conocimiento técnico acompañado de pasión.
Tres empresas, una cadena completa
La estructura farmacéutica del grupo se apoya en tres compañías que cubren distintos eslabones de la misma industria.
Chemo produce principios activos y formas farmacéuticas terminadas para más de mil laboratorios de todo el mundo. Exeltis se especializa en productos de salud femenina y opera en cerca de cuarenta países. Y mAbxience, creada en 2008, desarrolla medicamentos biotecnológicos, especialmente biosimilares y anticuerpos monoclonales, con el objetivo declarado de mejorar el acceso de la población a esos productos.
A eso se suman Xiromed, la marca con la que venden genéricos en Estados Unidos y Europa, Maprimed, la principal planta química argentina fabricante de principios activos, y participaciones accionarias en Sinergium Biotech, dedicada a vacunas humanas, Elea Phoenix, segundo laboratorio del país por ventas, y Biogénesis Bagó, en el rubro veterinario. El grupo mantiene además un área de investigación básica con unos 250 científicos abocados a nuevos tratamientos para el cáncer y enfermedades poco frecuentes.
La industria farmacéutica representa alrededor del 80% de la facturación de Insud. El resto se reparte entre agronegocios, industrias culturales, naturaleza y diseño, y energías renovables. La marca Insud nació en 2010 para unificar bajo un mismo nombre todas las empresas del matrimonio.
Agosto de 2020
El nombre de Sigman se volvió conocido para el gran público en plena pandemia. En agosto de 2020, AstraZeneca eligió a mAbxience para producir el principio activo de la vacuna que desarrollaba junto a la Universidad de Oxford, destinada a abastecer a toda América Latina con excepción de Brasil.
Detrás de ese acuerdo hubo varios factores: la capacidad tecnológica del laboratorio, que había inaugurado ese mismo año una planta de medicamentos biológicos en Escobar con una inversión de 40 millones de dólares, la participación del empresario mexicano Carlos Slim en el financiamiento y la coordinación entre los gobiernos de Argentina y México.
La polémica de las demoras
Durante 2021, las demoras en la llegada de esas vacunas generaron un debate público intenso en varios países de la región. Fue el momento de mayor exposición de un empresario que siempre mantuvo un perfil bajo.
Sigman respondió con datos. Sostuvo que mAbxience había cumplido con la producción del principio activo en los plazos previstos y explicó que los retrasos se produjeron en las etapas posteriores de formulación y envasado, que se realizaban en México, además de las dificultades internacionales de abastecimiento que afectaban entonces a toda la industria.
El episodio dejó a la vista algo que suele pasar inadvertido: la fabricación de una vacuna involucra varias plantas en distintos países, y cada eslabón depende del anterior.
El proyecto porcino con China
El otro episodio que lo puso en el centro del debate público arrancó en 2019 y explotó al año siguiente. China había perdido una enorme cantidad de producción por la peste porcina africana y necesitaba proveedores. Biogénesis Bagó, la empresa de sanidad animal de la que Insud es accionista, ofició de intermediaria y en enero de 2020 anunció la firma de un memorándum de entendimiento entre la Asociación Argentina de Productores Porcinos y una asociación china de promoción industrial. En julio de ese año, la Cancillería argentina confirmó que había negociaciones con el Ministerio de Agricultura chino.
Las versiones periodísticas hablaban de instalar unas 25 mega granjas en el país para exportar cerca de 900.000 toneladas de carne porcina, alrededor de diez veces la producción argentina de entonces. Varias notas señalaron a Sigman como uno de los impulsores del proyecto.
La reacción fue inmediata. Organizaciones ambientalistas, científicos, académicos y comunidades indígenas advirtieron sobre riesgos sanitarios y ambientales: la posibilidad de nuevas enfermedades de origen animal, bacterias resistentes a los antibióticos, emisión de gases de efecto invernadero, contaminación de suelos y uso intensivo de agua, además del aumento de la demanda de soja y maíz para alimentar a los animales. Hubo movilizaciones en varias ciudades y se formó una coordinadora específica contra el acuerdo.
Los impulsores respondieron con el argumento de los estándares. La Cancillería anunció que sumaría al memorándum un artículo que garantizara el respeto de las leyes de protección ambiental, los recursos naturales y la bioseguridad, y el entonces presidente Alberto Fernández sostuvo que el acuerdo solo se firmaría preservando el ambiente, con un programa de energía renovable basado en biodigestores que aprovecharan los residuos de las granjas. Desde el sector productivo también se destacó que en muchas granjas argentinas esos desechos ya se usan para generar biogás.
El acuerdo nunca llegó a firmarse en los términos anunciados. Más allá del desenlace, el episodio dejó planteada una discusión de fondo que sigue vigente: cómo hacer compatible la necesidad argentina de exportar con los límites ambientales de la producción intensiva. La Unión de Trabajadores de la Tierra, por ejemplo, propuso una alternativa distinta, con miles de granjas mixtas de pequeña escala en manos de productores chicos y medianos.
Del laboratorio a la pantalla
La otra mitad de su historia es cinematográfica. En 2004, Sigman se asoció con el productor Oscar Kramer para hacer la película El perro, y al año siguiente fundaron juntos Kramer & Sigman Films, conocida como K&S Films. Kramer murió en 2010, y desde entonces Sigman preside la productora, que forma parte del Grupo Insud.
El catálogo es impresionante para cualquier industria: Tiempo de valientes, Crónica de una fuga, El último Elvis, El séptimo día, Relatos salvajes, que superó los 3,9 millones de espectadores, El Clan, con más de 2,6 millones, La cordillera, La odisea de los giles y las series El Reino y División Palermo. La productora también prestó servicios para producciones internacionales como El renacido, de Alejandro González Iñárritu.
El mayor éxito reciente llegó con El Eternauta, la adaptación de la novela gráfica de Héctor Oesterheld dirigida por Bruno Stagnaro y protagonizada por Ricardo Darín, estrenada en Netflix en abril de 2025 y convertida en tendencia mundial. En 2026, la serie ganó el Premio Platino a mejor miniserie iberoamericana y el Martín Fierro de Oro, mientras que la película Belén obtuvo el Goya a mejor película iberoamericana.
Su definición del oficio es simple: buscan un cine popular pero con mensaje, películas que conmuevan, hagan reflexionar y al mismo tiempo entretengan.
El resto del mapa
En agronegocios, el grupo opera empresas forestales y agropecuarias como Pomera Maderas y Garrucho. En el terreno cultural, además del cine, edita la revista Le Monde Diplomatique en su edición del Cono Sur y sostiene los sellos Capital Intelectual y Clave Intelectual, este último desde España desde 2011. También desarrolla proyectos de naturaleza y diseño, entre ellos el hotel Puerto Valle en los Esteros del Iberá.
Un capítulo aparte es la Fundación Mundo Sano, dedicada a la investigación y el combate de enfermedades desatendidas, aquellas que afectan a poblaciones pobres y que la industria suele ignorar por falta de rentabilidad.
En 2011, Sigman impulsó junto a otras compañías la creación de la Cámara Argentina de Biotecnología, con el objetivo de fortalecer la colaboración público-privada en el sector. Recibió dos Premios Konex, en 2008 como empresario innovador y en 2018 en la categoría de empresarios de la industria, y es Embajador de Buena Voluntad del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura en temas de desarrollo sostenible.
Las razones por las que trabaja
Con un patrimonio familiar estimado en 6.300 millones de dólares, Sigman es la segunda fortuna argentina según Forbes, detrás de Marcos Galperin. Aun así, su exposición pública es mucho menor que la de otros empresarios de su escala. Suele vérselo más en las alfombras rojas de Cannes, Venecia o San Sebastián que en actos empresariales, muchas veces junto a Silvia Gold.
Cuando le preguntan por su motivación, responde siempre con la misma idea: nunca hay que perder de vista las razones por las que uno trabaja, y en su caso esas razones son que los medicamentos sean accesibles para la mayoría de la población, promover la ciencia y la cultura, y que los ciudadanos mejoren su calidad de vida.
Es una frase que ordena una biografía que de otro modo parecería dispersa. El psiquiatra que tuvo que irse del país terminó fabricando remedios para cincuenta países y contando historias argentinas que hoy se ven en todo el mundo. En ambos casos, el punto es el mismo: llegar a la mayor cantidad de gente posible.