Miguel Galuccio, el ingeniero de Paraná que terminó al frente de Vista Energy

Miguel Galuccio, fundador de Vista Energy, durante una presentación de la compañía

El estilo de Galuccio: diseñar la cultura antes que el capital.

Nacido en Entre Ríos en 1968, hizo casi toda la escalera del sector antes de fundar la petrolera independiente más grande del país.

Mucho antes de que lo empezaran a llamar “el padre de Vaca Muerta”, Miguel Galuccio criaba gallinas para vender huevos y armaba pororó para el bar de la esquina. Era un chico de Paraná, hijo de un panadero que después montó un supermercado y de una profesora de inglés, el mayor de cuatro hermanos varones. De ahí salió el ingeniero en petróleo que hoy preside Vista Energy, la compañía que cotiza en la Bolsa de Nueva York y que llegó a valer 8.000 millones de dólares.

La carrera arrancó con un colectivo nocturno. Terminó el secundario en la Industrial de Paraná y se subió a un ómnibus que lo dejó en Retiro a las cinco de la mañana, con un bolso y la dirección de una residencia universitaria en Belgrano. Estudió ingeniería en petróleo en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y se recibió en 1994. Para sostener los estudios, cuando las cuentas de su casa no daban, pidió un préstamo de honor en el propio instituto: no era un alumno brillante, pero se lo concedieron. Esa deuda la terminó de pagar muchos años más tarde. Hoy integra el directorio de beneficiarios del ITBA, del otro lado del mostrador.

De un yacimiento del sur al mundo

La vocación no le llegó por iluminación. Galuccio cuenta que de chico lo atraían la naturaleza y los animales, y que recién en una práctica de campo en un yacimiento patagónico sintió que ese era su lugar: aire libre, tecnología, equipos, gente diversa. Entró a YPF poco después de recibirse y lo mandaron a operar yacimientos en el sur. Cuando la empresa compró la estadounidense Maxus, en 1995, se sumó a esa firma; en 1998 lo trasladaron a Indonesia. Después del paso de YPF a manos de Repsol, en 1999, se pasó a la firma de servicios petroleros Schlumberger, donde llegó a manejar operaciones para México y América Central y a presidir una de sus divisiones más importantes, con base en Londres.

Esa etapa internacional fue, en sus palabras, la que lo formó como ejecutivo. Llegó a Estados Unidos con un inglés tan básico que apenas podía pedir una hamburguesa por teléfono, y terminó dirigiendo equipos a escala global. La familia se movió con él. A su esposa, Verónica, la había conocido de muy chico en el club, jugando al hockey; los hijos, Matías y Malena, crecieron entre Yakarta, Estados Unidos e Inglaterra. Un episodio en una escuela de Indonesia, donde Matías levantó la mano cuando preguntaron por los chicos indonesios, los empujó a comprar un campo en Entre Ríos y volver todos los años para que supieran de dónde venían.

El regreso que lo marcó

En 2012 sonó el teléfono que no quería atender. El gobierno lo buscaba para conducir YPF, recién reestatizada, y Galuccio dejó Londres para convertirse en el primer presidente y CEO de la compañía tras la expropiación. Encontró un país con la balanza energética en rojo, importación de barcos de gas y cortes de suministro programados en invierno. Su apuesta fue armar un equipo profesional, repatriar talento y empezar a poner plata en una formación que entonces era casi una promesa: Vaca Muerta. El acuerdo con Chevron para desarrollar Loma Campana fue la primera gran inversión de riesgo en esa zona. Condujo la petrolera estatal hasta 2016.

Un año después fundó, junto a varios socios, Vista —al comienzo Vista Oil & Gas—, la primera petrolera pública independiente enfocada en Vaca Muerta. La rebautizó simplemente Vista en 2021, con el lema Energy for tomorrow. Hoy es el segundo operador de la cuenca neuquina y produce, según el propio Galuccio, entre 135.000 y 140.000 barriles diarios.

El apodo que le dejó Vaca Muerta

El mote de “padre de Vaca Muerta” se lo ganó con el tiempo, a medida que lo que parecía una expectativa pasó a sostener buena parte de las cuentas externas del país. “No hubo magia, hubo mucho esfuerzo”, resumió en una entrevista cuando le preguntaron cómo había sido el camino. La cuenca neuquina representa hoy alrededor del 70% de la producción nacional de petróleo y dejó al país con saldo exportador. En las oficinas de Vista guardan, como reliquia, el primer barril de no convencional que produjeron: un tambor blanco que preside las cenas de la compañía.

Galuccio sigue activo en la agenda del sector. Participó como expositor en la Argentina Week de Nueva York, el evento con el que el Gobierno busca atraer inversores, una vidriera que conoce bien porque su empresa cotiza ahí desde el primer día.