Hernán Cattáneo, cuatro décadas detrás de las bandejas
Hernán Cattáneo llevó el progressive house argentino a escenarios de todo el mundo y fue el primer DJ en presentarse en el Teatro Colón.
Empezó pasando música cuando en la Argentina la palabra DJ sonaba a oficio menor. Cuatro décadas después acumula más de cuatro mil shows en trescientas ciudades, fue el primer DJ en tocar en el Teatro Colón y tiene un documental en Netflix. En el medio le tocó discutir con el ambiente clásico, cargar con el prejuicio que ata la electrónica a las drogas y responder cuando la tragedia le pasó cerca. Este es el recorrido completo.
Unos vinilos traídos de Nueva York
La escena que abre esta historia no tiene humo ni luces. Es un pibe de Caballito, criado escuchando el synth pop europeo de los ochenta —Depeche Mode, New Order, Simply Red, Level 42—, al que en 1987 un amigo le muestra unos discos de doce pulgadas comprados en una disquería neoyorquina. Era house de Chicago. Ese sonido, y sobre todo Frankie Knuckles, le reordenaron la cabeza. Después llegaron Derrick May e Inner City.
Cattáneo arrancó muy joven, en fiestas privadas y clubes porteños, cuando el DJ argentino no era considerado artista sino empleado del local. La distancia entre aquello y lo que vino después se mide en décadas de trabajo poco visible.
Clubland, y después el mundo
Su residencia en Clubland, la discoteca porteña que la prensa internacional llegó a ubicar entre los mejores clubes del planeta, funcionó como plataforma. Ahí terminó de definir su marca registrada: un progresivo melódico y profundo, servido en sets larguísimos armados como un viaje con escalas.
El empujón definitivo vino de afuera. En 1997 Paul Oakenfold lo invitó a su gira europea y esa puerta no volvió a cerrarse. Se convirtió en el primer residente sudamericano de Cream, con residencias en Liverpool e Ibiza, y sumó Pacha en Buenos Aires y en la isla. En 2001, harto de hacer catorce horas de vuelo de ida y catorce de vuelta, se instaló en Londres.
Ese mismo año entró por primera vez al Top 100 de la revista británica DJ Mag, directo al puesto 50, algo que él describió como increíble. Después vino la escalada: 19, 22 y, en 2004, el número 6. Es una ubicación insólita para alguien que hace música de nicho dentro de un ranking que suele premiar lo masivo. Se mantuvo once años seguidos en la lista, hasta 2011.
La década de los compilados
Su nombre se consolidó gracias a los CDs mezclados para Renaissance, el sello británico. Arrancó con el primer volumen de The Masters Series en 2004, siguió con el segundo, con la serie Sequential y con el disco que el sello eligió para su lanzamiento número cincuenta, en 2009. En 2010 publicó Parallel, un doble donde separó el día de la noche: una mezcla lenta, cercana al downtempo, y otra netamente progresiva. Más adelante llegaron los trabajos para el sello australiano Balance.
Tocó en lugares que poco tienen que ver con un club: Coachella, Burning Man, el Hollywood Bowl, la catedral de Liverpool y una sesión de Cercle en el museo del aire y el espacio de Le Bourget, rodeado de un Concorde, un jumbo y un cohete Ariane.
Sudbeat y Resident: dos proyectos para la música ajena
Hay dos cosas suyas que no le dan brillo personal y a las que le dedicó veinte años igual. Una es Sudbeat, el sello que puso en marcha en 2009. La motivación fue explícita: había visto a otros DJs usar un sello para lanzar carreras y conocía gente para presentarle a la escena global. Los primeros años fueron lentos porque la agenda de gira no le dejaba tiempo. Después el sello se volvió una referencia del progresivo, con material de Guy J, Nick Warren, Henry Saiz, Danny Howells y Dave Seaman.
La otra es Resident, su programa de radio semanal, al aire desde 2001. Ahí pasa material nuevo y apoya a artistas que recién arrancan. Llegó a decir que la radio lo tienta como destino para cuando deje las bandejas.
La noche del Colón, y la pelea previa
El 22 de febrero de 2018 hizo algo que nadie de su rubro había hecho: subir la música electrónica al escenario del Teatro Colón. El show se llamó Connected y consistió en reinterpretar clásicos del género con una orquesta de cincuenta músicos dirigida por Gerardo Gardelín. Fueron cuatro funciones, todas agotadas.
Lo que se recuerda menos es que la previa fue áspera. Semanas antes, parte del ambiente de la música clásica cuestionó públicamente la presencia de un DJ en esa sala, con el argumento del volumen: circulaban cifras alarmantes sobre los decibeles que supuestamente iban a usarse y el daño que podían causarle a la acústica y a la ornamentación del teatro. Cattáneo optó por bajar la temperatura en lugar de responder con dureza. Explicó que en el Colón la electrónica no se escucha fuerte, que había un límite de decibeles pactado y que si metían el bombo característico del género todo lo demás se iba a escuchar más bajo, algo que iba en contra del sentido mismo del espectáculo.
El resultado le dio la razón por vía de los hechos. Las cuatro funciones se agotaron, el teatro no sufrió nada y el show terminó siendo el episodio que más hizo por la legitimación del género en el país. Una semana más tarde lo repitió gratis y al aire libre en el Festival Únicos, frente a cuarenta mil personas, y después lo llevó al Teatro del Bicentenario de San Juan. Tres meses después de aquellas funciones, la Ciudad de Buenos Aires lo declaró Personalidad Destacada de la Cultura. En marzo de 2021 Netflix estrenó un documental de unos cuarenta minutos sobre la producción, con material de ensayos y backstage.
El prejuicio de las drogas y una decisión poco común
El otro debate que lo persigue es más viejo y más pesado: la asociación automática entre música electrónica y consumo. Él la ubica con precisión geográfica. Vivió quince años en Europa y sostiene que allá jamás le preguntaron por drogas en una entrevista, mientras que acá el tema aparece casi siempre. Su respuesta suele apoyarse en un dato personal que desarma el estereotipo de raíz: no toma ni cerveza, ni antes ni durante un show. Y tiene una definición de su oficio que suena a chiste pero no lo es: él es DJ de lunes a viernes, de nueve a seis, y es el público el que prefiere la noche.
Lo interesante es lo que hizo con esa incomodidad. En lugar de instalarse en la queja o en el silencio —el reflejo habitual de la industria—, decidió intervenir. Junto a otros empresarios del rubro encaró hace años un trabajo de concientización sobre los cuidados en la noche, partiendo de una premisa incómoda para el sector: la responsabilidad de hablar del tema es de ellos mismos, no de terceros. En sus visitas a Córdoba, además de los shows, da clases magistrales en escuelas primarias y en la universidad, algo que ningún artista de su nivel de facturación necesita hacer.
Esa posición se puso a prueba en junio de 2024, cuando una mujer de 37 años murió tras haber consumido éxtasis antes de entrar a un show suyo en el Complejo Forja de Córdoba. La investigación del fiscal Carlos Cornejo estableció que se trató de un consumo previo al evento, ajeno a la organización, y no hubo personas imputadas. Cattáneo publicó un mensaje sobrio con sus condolencias a la familia, sin capitalizar el momento ni desentenderse de él. El episodio empujó en la Argentina una discusión que él y buena parte de la escena venían reclamando desde antes: la de las políticas de reducción de daños en eventos masivos, es decir dejar de negar el consumo y empezar a diseñar dispositivos de cuidado para quienes consumen.
Sunsetstrip: bailar con luz de día
En 2019 lanzó Sunsetstrip, una plataforma de shows concebida como homenaje al atardecer. La idea tiene una intención declarada que conecta directo con lo anterior: en la Argentina toca de día, entre otras cosas, para seguir corriendo a la electrónica del lugar oscuro donde el sentido común la dejó.
El formato creció hasta volverse un fenómeno turístico. En Mendoza, al pie de la cordillera y junto al dique Potrerillos, dos jornadas de diciembre de 2024 reunieron más de dieciséis mil personas con entradas agotadas. Hubo ediciones en el Campo Argentino de Polo, en Ciudad Universitaria y en Punta del Este, y en 2026 la marca debutó en Madrid con localidades agotadas y un set suyo de seis horas. También quedó en la memoria el streaming desde Bariloche durante el eclipse solar de 2020, en plena pandemia, con tres horas y media de música transmitidas a cientos de miles de personas.
Los números, y lo que hay abajo
Las cifras de su vida laboral son casi absurdas: más de cuatro mil presentaciones en más de trescientas ciudades. En su mejor momento tomaba doscientos aviones por año para hacer unos noventa shows, con sets de seis a diez horas. En 2020 publicó su biografía, El sueño del DJ, traducida a seis idiomas. En 2022 estrenó Future Memories, un álbum de diecinueve temas producido junto a Oliverio Sofía y Pablo Alejandro Carr, que al año siguiente le valió el Gardel al mejor álbum de música electrónica. En 2018 y 2019 los DJ Awards de Ibiza lo eligieron mejor DJ del mundo en su género. Y en noviembre de 2025 la Fundación Konex le entregó el Konex de Platino en la disciplina DJ/Electrónica, después del Diploma al Mérito de septiembre.
Cattáneo tiene una frase que dice bastante sobre su lugar en la cultura argentina: los padres siguen creyendo que sus hijos van a ser exitosos solamente si estudian una carrera tradicional. Él eligió otra cosa cuando esa otra cosa ni siquiera tenía un nombre respetable acá. Lo que se repite en cada etapa —los sets de diez horas, el sello que tardó años en despegar, la insistencia con tocar de día, el programa de radio sostenido durante dos décadas— es la misma terquedad. No la de imponerse, sino la de no negociar el gusto. A los sesenta años sigue armando viajes de varias horas para gente que llega con sol y se va de noche.