Orlando Gill, el arquero que puso a Paraguay en boca del mundo
Orlando Gill se estira para responder a un disparo. El arquero fue la gran figura de Paraguay en el Mundial 2026, con la eliminación de Alemania por penales como punto más alto.
Hay noches que le cambian la vida a un futbolista, y Orlando Gill vivió varias en pocos días. El arquero de la selección paraguaya pasó de ser un nombre que pocos ubicaban fuera de la Argentina y Paraguay a convertirse en una de las grandes figuras del Mundial 2026. Debajo de esa aparición fulgurante hay un físico imponente, un ascenso veloz en el fútbol argentino y una historia de esfuerzo que explica por qué su nombre hoy se escribe con letras grandes.
Un gigante nacido en San Lorenzo
Orlando Daniel Gill Noldín nació el 11 de junio de 2000 en San Lorenzo, Paraguay, la misma ciudad que le dio el apellido a su primer club. Mide cerca de 1,99 metro, es zurdo y usa cada centímetro de esa altura para achicar el arco a los delanteros. A los 26 años defiende los tres palos de San Lorenzo de Almagro, en la Primera División argentina, y también los de la Albirroja, un doble compromiso que lo tiene entre los arqueros más observados del continente.
Un ascenso rápido en el fútbol argentino
Su carrera se aceleró en poco tiempo. Formado en el club de su ciudad natal, en 2024 cruzó la frontera para sumarse a San Lorenzo de Almagro. Pasó un año en la Reserva, donde fue una de las figuras y llegó a jugar la final del torneo, y de ahí saltó al plantel principal. En 2025 se afianzó como titular, y en enero de ese año el club argentino decidió quedarse con la mitad de su pase. Sus buenos rendimientos en 2026 empujaron su valor de mercado hasta rondar los seis millones de euros, una cifra impensada para un guardameta que poco antes militaba lejos de los grandes focos.
El llamado de la Albirroja
El paso a la selección llegó de la mano de Gustavo Alfaro. Gill debutó con Paraguay en septiembre de 2025, en una victoria 1-0 sobre Perú por las Eliminatorias, y rápidamente se ganó la confianza del entrenador. Cuando llegó el Mundial, ya no era una promesa: era el dueño del arco de un equipo ordenado, aguerrido y difícil de vencer.
Un arranque cuesta arriba en el grupo
El camino mundialista no empezó de la mejor manera. En el debut ante Estados Unidos, la Albirroja se complicó sola con un autogol tempranero, y desde ahí tuvo que remar de atrás en un Grupo A parejo. Con un planteo cada vez más sólido y momentos en los que Alfaro se paró con una línea de cinco para cerrar espacios, Paraguay se metió en la fase eliminatoria como uno de los mejores terceros. Nadie lo señalaba como candidato, y esa etiqueta de tapado terminó jugando a su favor.
La noche que eliminó a Alemania
El capítulo que lo transformó en héroe se escribió en los dieciseisavos de final. Paraguay se cruzó con Alemania y aguantó los 120 minutos hasta llegar a la tanda de penales. Ahí apareció Gill: atajó los remates de Kai Havertz y Nick Woltemade y se convirtió en el primer arquero en dejar a la selección alemana afuera de un Mundial desde los doce pasos. La clasificación fue una de las mayores sorpresas del torneo, y el nombre del paraguayo empezó a recorrer el planeta.
Ante Francia, la despedida con la frente en alto
Cuatro días después, en Filadelfia y bajo un calor asfixiante, Paraguay se plantó frente a Francia en los octavos de final. El equipo de Alfaro armó un bloque cerrado y resistió durante más de una hora, con Gill respondiendo a cada disparo. La resistencia cedió recién a los 70 minutos, cuando Kylian Mbappé cambió por gol un penal sancionado tras revisión del VAR. Aun perdiendo, el arquero siguió agrandando: sobre el final le tapó a Mbappé dos remates casi consecutivos que habrían liquidado el partido. El cruce tuvo un guiño con la historia, porque Francia y Paraguay ya se habían visto en los octavos de 1998, cuando los europeos ganaron con un gol de oro de Laurent Blanc y con Didier Deschamps —hoy entrenador de los galos— como capitán. Francia se impuso 1-0 y avanzó a cuartos para enfrentar a Marruecos, pero el que se ganó los aplausos fue el guardameta guaraní. Paraguay se fue del Mundial sin igualar sus cuartos de final de 2010, aunque dejó la sensación de haber hecho sufrir a dos candidatos en cuestión de días.
La revelación de un Mundial
En apenas una semana, Gill pasó de ser un arquero prometedor a una de las revelaciones individuales del Mundial de 2026. Su figura creció por partida doble: por lo que hizo bajo los tres palos y por la historia que carga detrás, la de un jugador que tuvo que remar mucho antes de llegar a este escenario. Con 26 años, un pase revalorizado y una selección que lo abrazó como emblema, el paraguayo tiene por delante un futuro que hace pocos meses parecía un sueño lejano. Y cada vez que la pelota viaja hacia su arco, Paraguay siente que ahí atrás hay un gigante dispuesto a que no pase nada.