Bruno Ruyú dejó la física por la IA y hoy vende en cuatro países
Bruno Ruyú pasó de la física a la inteligencia artificial y cofundó Teramot, una plataforma que automatiza la organización de datos empresariales mediante agentes de IA.
Hay una escena que se repite en casi todas las empresas grandes de la Argentina y que casi nadie considera un problema tecnológico: alguien pide un reporte y la respuesta tarda dos semanas. No porque falten datos, sino porque sobran y están desparramados entre un ERP, un CRM, tres planillas de cálculo y un sistema que nadie quiere tocar desde 2014. Bruno Ruyú vio esa escena desde adentro, en YPF y en una aseguradora, después de haberse formado como físico en el lugar donde la Argentina entrena a sus cabezas más técnicas. Cuatro años más tarde, esa observación se convirtió en una empresa con clientes en cuatro países, una patente provisoria en Estados Unidos y US$ 2,5 millones levantados.
Del Balseiro a la vereda de enfrente
El Instituto Balseiro es una institución de acceso restringido: se ingresa tras dos o tres años de carrera en Exactas o Ingeniería y un examen exigente, y quien entra recibe una beca y un entorno diseñado para una sola cosa, que es estudiar. De ahí salió Ruyú, y de ahí salieron también los tres socios con los que después armaría Teramot.
El camino previsible para un egresado del Balseiro es la investigación. Ruyú eligió el otro. Entrenó su primera red neuronal en 2005, cuando faltaban más de quince años para que términos como “LLM” o “agente” se volvieran conversación de sobremesa, y en algún punto de su carrera decidió pasarse a la actividad privada porque quería ver cosas funcionando. Sumó formación en finanzas y negocios en San Andrés y más tarde en el Programa Ejecutivo de Stanford, una mezcla poco frecuente entre físicos.
En las corporaciones donde trabajó encontró un patrón. La información que necesita un CFO no tiene la misma forma que la que necesita alguien de marketing, y sin embargo ambas salen del mismo depósito desordenado. Ordenar ese depósito era, hasta hace poco, un trabajo de consultoría: siete u ocho meses de gente cara reconstruyendo a mano lo que la empresa ya tenía.
Halley, el proyecto que vino antes
En 2018 se reencontró con Lucas Uzal, amigo desde los años del Balseiro y por entonces investigador del CONICET en áreas de inteligencia artificial. La idea de emprender juntos empezó ahí, aunque el primer producto no tuvo nada que ver con datos corporativos.
A comienzos de 2022 lanzaron Halley, una plataforma que aplicaba deep learning a Twitter para medir cuántas de sus predicciones había acertado cada gurú, influencer o analista. El foco inicial fue el mundo cripto, por una razón concreta: mucha gente había invertido siguiendo pronósticos de cuentas populares y había perdido buena parte de sus ahorros. La lógica del producto era simple de explicar y difícil de discutir. Alguien que acierta tres de cada cuatro pronósticos merece más crédito que alguien que acierta uno de cada tres, y el número de seguidores no mide eso.
Halley planeaba expandirse a Reddit y al terreno bastante más resbaladizo de las promesas políticas. Ese salto nunca se dio: en las coberturas posteriores la startup desaparece del relato y la energía de ambos socios se mudó a Teramot. Uzal terminó incorporándose como cofundador y Chief Artificial Intelligence Officer.
Qué hace Teramot y por qué a alguien le importa
La empresa nació en enero de 2022 con una premisa que hoy suena obvia y en ese momento no lo era tanto: el cuello de botella de la IA empresarial no son los modelos, son los datos. Cualquier compañía puede contratar hoy los mejores modelos del mercado; lo que las diferencia es la calidad de la información con la que esos modelos trabajan.
El diagnóstico tiene respaldo externo. Harvard Business Review estima que el 74% de las empresas arrastra problemas de datos, y un estudio del MIT concluyó que el 95% de los proyectos de IA corporativa no llega a generar un impacto financiero medible.
Teramot ataca eso con una plataforma de ingeniería de datos autónoma construida sobre un ecosistema de más de cincuenta agentes de inteligencia artificial. Esos agentes se conectan a las bases de datos de la empresa, normalizan la información y la dejan lista para que otras aplicaciones de IA la consuman. Un usuario puede pedirle un ranking de ventas por producto y después un gráfico por región, en lenguaje natural, desde una interfaz tan mundana como WhatsApp.
Hay un beneficio menos visible y bastante valioso: cuando los datos están mal armados, los modelos alucinan. No porque la información sea falsa, sino porque está en el lugar equivocado. Una respuesta verosímil y errónea sobre un contrato o una cifra no es un detalle estético para una empresa, es exposición legal.
La compañía sostiene que su tecnología recorta hasta un 90% los tiempos de implementación y que trabajos que antes demandaban meses pueden resolverse en menos de una hora, con costos cercanos al 10% de los servicios tradicionales de integración. Se comercializa como SaaS sobre la nube de AWS, de la que son partners, y el ticket fue pensado desde el arranque para ser bajo.
Cómo se armó el financiamiento
La ronda no llegó de golpe. CITES puso los primeros US$ 780.000, a los que se sumaron US$ 100.000 de Ryta Zasiekina, inversora ángel y fundadora del proyecto fintech Concryt, que conoció a Ruyú cuando ambos cursaban el Programa Ejecutivo de Stanford.
En octubre de 2025 cerraron una ronda Seed de US$ 1,1 millones con Natan VC —el fondo de corporate venture capital del ecosistema BIND—, Addventure y un grupo de ángeles de Estados Unidos y América Latina, llevando el total a más de US$ 2,1 millones. Para julio de 2026 el acumulado ya era de US$ 2,5 millones.
Sebastián Habif, Managing Partner de Natan VC, describió la inversión como alineada con los proyectos de integración del grupo. Micaela Bacher, Principal del mismo fondo, apuntó al perfil del equipo fundador como el factor decisivo. Facundo Vázquez, cofundador y Director Presidente de Poincenot, se sumó como advisor.
Dónde está parada la empresa hoy
Teramot opera en Argentina, Brasil, Colombia y Paraguay, con oficinas en Buenos Aires, Rosario y San Pablo, y trabaja con compañías de consumo masivo, manufactura y seguros, entre ellas firmas del ranking Fortune 500. Tiene 24 empleados y proyecta cerrar 2026 con una facturación cercana a los US$ 2 millones.
Suma además una patente provisoria en Estados Unidos por su tecnología de automatización de infraestructura de datos y un lugar en el programa ScaleUp de Endeavor 2026, orientado a compañías con potencial de expansión global. Los próximos mercados en la mira son Estados Unidos y Medio Oriente.