Le pidió a un ex jefe de Amazon que fuera su mentor: la jugada de Matías Viel 

Matías Viel, fundador de Beeflow

Matías Viel fundó Beeflow para aplicar ciencia y tecnología a la polinización de cultivos, con operaciones en seis países y desarrollos surgidos de laboratorios argentinos.

La polinización sostiene alrededor del 70% de los cultivos del mundo y, sin embargo, hasta hace poco casi nadie la medía. Los productores alquilaban colmenas, las metían en el campo y confiaban en que las abejas hicieran lo suyo. Nadie calculaba cuántos kilos por hectárea aportaba ese trabajo, ni cuántas abejas hacían falta, ni si estaban yendo a las flores correctas.

Matías Viel detectó ese vacío en 2016, cuando todavía vivía en la Argentina y no tenía formación científica alguna. Diez años después dirige Beeflow desde Los Ángeles, atiende a más de cincuenta compañías agrícolas en seis países y cuenta entre sus inversores al hombre que construyó el negocio minorista de Amazon junto a Jeff Bezos. La historia que va de un campo de kiwis en Mar del Plata a un almuerzo en Santa Bárbara está hecha, sobre todo, de llamados en frío y de ciencia argentina que estaba guardada en un cajón.

El emprendedor que no venía de la ciencia

Viel se recibió de licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de San Andrés. Antes de Beeflow pasó por Despegar, por una startup de venta de autos en Brasil y por la agencia de marketing digital Bullmetrix. Nada en ese recorrido anticipaba una empresa de biotecnología.

El giro llegó por Matías Peire, fundador de Grid Exponential, una company builder que junta científicos con emprendedores para armar empresas de base científica. Ese contacto lo metió en un mundo que desconocía y le mostró algo que después repetiría en cada entrevista: en la Argentina había tecnologías patentadas por el CONICET que nadie estaba licenciando. Conocimiento terminado, sin nadie que se ocupara de convertirlo en producto.

Durante 2016 recorrió Río Negro, Tucumán, Mendoza y Entre Ríos hablando con productores. La conclusión fue uniforme: todos consideraban que la polinización era determinante y ninguno la manejaba de forma profesional.

Dos tecnologías salidas de laboratorios argentinos

Beeflow apoya su producto en desarrollos licenciados en forma exclusiva. El primero, creado por el CONICET junto a la Universidad Nacional de Mar del Plata, es una molécula de origen vegetal con la que se alimenta a las abejas: refuerza su sistema inmunológico y les permite trabajar a temperaturas bajas, cuando normalmente no vuelan. Sirve para casos como los arándanos que florecen en agosto en Tucumán o las almendras de Mendoza.

El segundo resuelve un problema distinto y más sutil. Las abejas se distraen. Si al lado del campo de arándanos hay un monte de eucaliptos con más néctar, se van al eucalipto y el productor se queda sin polinización. Para eso Viel se asoció con Walter Farina, investigador de la UBA y el CONICET que lleva más de veinte años estudiando cómo aprenden y memorizan las abejas.

El mecanismo recuerda al perro de Pavlov. Las abejas se orientan por las fragancias de las flores; el equipo replicó esas fragancias y las incorporó a un alimento. La abeja asocia el olor con la recompensa y, al salir de la colmena, busca el cultivo que huele igual. Esa línea de trabajo se desarrolla a través de ToBee, una empresa cuyo dueño es Beeflow.

Un campo de kiwis y una guía telefónica

La primera prueba real fue en una plantación de kiwis en Mar del Plata. Viel se ocupó de todo, desde el manejo de las colmenas hasta la alimentación de las abejas. La producción subió más de un 40%.

Con ese resultado aplicó a IndieBio, una de las aceleradoras de biotecnología más importantes del mundo, con sede en San Francisco. Ninguna empresa argentina había participado antes, así que las chances eran bajas. Entró igual, a fines de 2017, con una inversión de US$ 200.000.

Lo que vino después fue menos glamoroso de lo que suele contarse. Viel llegó a California sin contactos, sin red de inversores y frente a una industria agrícola conservadora. Su método fue agarrar una guía de teléfonos de empresas y llamar. Marcó a más de cien productores para pedir reuniones sin conocer a nadie. La mayoría no respondió o dijo que no; unos pocos aceptaron, y con los años varios de esos pocos terminaron siendo clientes y hasta inversores.

El argumento de escala era contundente: en la Argentina hay unas 2.000 hectáreas de almendras, en California hay 300.000.

Cómo llegó a Jeff Wilke y a Steve Jurvetson

En 2018 cerró su primera ronda de US$ 3 millones, liderada por el fondo neoyorquino Ospraie Management, y abrió oficina en Los Ángeles. En 2021 llegó la Serie A de US$ 8,3 millones, encabezada por Ospraie Ag Science y acompañada por Vectr Ventures, SOSV y Grid Exponential. En total, la compañía levantó más de US$ 15 millones.

Los dos nombres que más se repiten en la cobertura son Jeff Wilke, quien fue CEO de Amazon Worldwide Consumer y construyó el negocio minorista de la compañía junto a Bezos, y Steve Jurvetson, de Future Ventures, integrante de los directorios de Tesla y SpaceX.

La relación con Wilke no empezó con un pitch. Viel lo conoció en 2021 a través de otros inversores y le pidió algo modesto: que fuera su mentor y que tomaran un café cada tres meses. Recién cuando la relación estaba construida le contó que Beeflow buscaba capital. Desde entonces recorre cada trimestre los 150 kilómetros que separan Los Ángeles de Santa Bárbara para almorzar con él. De esa mentoría, dice, aprendió a diseñar una estructura organizacional escalable, a pensar en grande y a manejar el vínculo con inversores y directorio, lo que resume como aprender a jugar el juego del venture capital.

Qué vende Beeflow y cuánto rinde

El servicio consiste en diseñar y ejecutar programas de polinización: medir la variable, determinar cuántas abejas por hectárea necesita cada cultivo y aplicar las tecnologías propias. Comparada contra la polinización tradicional, la compañía reporta aumentos de productividad que van del 10% al 40%, con casos de hasta 90% en cultivos puntuales de la Argentina, y una reducción del 70% en la mortandad de las colmenas.

Las moléculas están patentadas en Estados Unidos, Europa, China, Australia, Argentina y Chile. Los cultivos que atiende incluyen arándanos, almendras, cerezas, paltas, frambuesas, naranjas, café, kiwis y, en Brasil, soja. Entre sus clientes figuran Driscoll’s, el mayor productor mundial de berries, y Woolf Farming, uno de los grandes productores de almendras.

Estados Unidos es su mercado principal, con foco en California, Oregon y Washington, y una apertura reciente en Nueva Jersey. La empresa tiene 28 empleados permanentes y llega a casi 80 durante las temporadas agrícolas.

El capítulo argentino, que hoy es solo científico

Hay un punto que Viel no esquiva y que conviene contar completo: Beeflow no opera comercialmente en la Argentina. Estuvo desde sus inicios en 2016 y trabajó con productores de arándanos en Tucumán y Concordia, almendras en Mendoza, cerezas en Río Negro y Neuquén, kiwis en Mar del Plata, además de un contrato de dos años con BASF para su división de semillas.

La retirada comercial se explica por la situación del agro local. Según su lectura, en los últimos años a los productores argentinos les resultó difícil incorporar innovación mientras intentaban sobrevivir a la inestabilidad económica. Aclaró que ve una normalización en marcha, aunque sin fecha de regreso: estima que en dos años el panorama podría estar más claro.

Lo que sí mantiene en el país es el corazón técnico de la empresa. La Argentina alberga el centro de investigación y desarrollo y un service center que atiende a las otras filiales. Su argumento es directo: el conocimiento científico argentino es el activo que exportan al mundo.

Ese mismo interés lo llevó a proponerle a empresarios como Hugo Sigman, Federico Trucco y Graciela Cicca la creación de un espacio para startups dentro de la Cámara Argentina de Biotecnología. Cuando lo planteó, hace unos ocho años, no había más de diez compañías del rubro en el país; hoy son cerca de 150. Su posición sobre el financiamiento científico tiene dos filos: reivindica la calidad de los investigadores locales y, al mismo tiempo, sostiene que falta un puente entre ese conocimiento y la economía, con más aporte privado al sistema científico.

La mención inesperada en The Economist

En enero de 2026, Beeflow apareció citada en una columna de The Economist firmada por Javier Milei y Federico Sturzenegger, centrada en regulación y competencia empresarial. Viel se enteró por los mensajes que empezaron a llegarle de inversores de Estados Unidos y Europa. Uno le contó que estaba paseando al perro, escuchando la columna, cuando escuchó el nombre de su empresa.

Su reacción pública fue medida: lo describió como un reconocimiento enorme y agregó que para ellos es importante mantener los pies en la tierra. Un par de años antes ya había tenido otro momento de visibilidad local al ser invitado al Foro Llao Llao, la cumbre de empresarios argentinos.