Jafar Panahi, el hombre que Irán no pudo sacar del cine

Jafar Panahi, cineasta iraní y ganador de la Palma de Oro

Jafar Panahi continuó haciendo cine pese a las restricciones impuestas por las autoridades iraníes.

Pocos cineastas vivos cargan una biografía donde la obra y la vida se exigen tanto mutuamente. Jafar Panahi, nacido en Mianeh en 1960, filmó durante quince años bajo una prohibición expresa de hacer cine, pasó por la cárcel de Evin, sostuvo una huelga de hambre para recuperar la libertad y, dos años después, levantó la Palma de Oro en Cannes por una película rodada en secreto. Su caso es único en la historia de los festivales: es uno de los poquísimos directores que ganaron el máximo premio en Cannes, Venecia, Berlín y Locarno, y lo hizo mientras el Estado iraní intentaba, con sentencias y confiscaciones, que no filmara nunca más.

De asistente de Kiarostami a niño mimado de los festivales

Panahi se formó dentro de la gran escuela del cine iraní de los noventa: fue asistente de dirección de Abbas Kiarostami, quien además escribió el guion de su ópera prima, El globo blanco (1995), la historia mínima de una nena que quiere comprar un pez para el Año Nuevo persa. La película ganó la Cámara de Oro en Cannes, el premio al mejor debut, y puso su nombre en el mapa mundial. Dos años después, El espejo se llevó el Leopardo de Oro en Locarno.

El salto a la madurez llegó con un giro hacia el costado más áspero de la sociedad iraní. El círculo (2000), retrato coral de mujeres acorraladas por las normas de su país, ganó el León de Oro en Venecia y quedó prohibida en Irán. Crimson Gold (2003) sumó un premio del jurado en la sección Un Certain Regard de Cannes, y Offside (2006), sobre un grupo de hinchas mujeres que se disfrazan de varones para entrar a un estadio de fútbol, obtuvo el Oso de Plata en Berlín. A esa altura, Panahi ya era el cineasta iraní más premiado de su generación y, para las autoridades de Teherán, un problema creciente.

Prohibido filmar: la etapa clandestina

En 2010, tras apoyar al movimiento de protesta surgido después de las elecciones de 2009, Panahi fue condenado a seis años de prisión y a veinte años de prohibición de dirigir películas, escribir guiones, viajar al exterior y dar entrevistas, acusado de propaganda contra el régimen. La respuesta del director fue el gesto más comentado del cine de esa década: This Is Not a Film (2011), un registro de su vida bajo arresto domiciliario que llegó a Cannes escondido en un pendrive dentro de una torta.

Lejos de frenarlo, la prohibición inauguró su etapa más celebrada. Closed Curtain ganó el Oso de Plata al mejor guion en Berlín en 2013; Taxi (2015), filmada con cámaras ocultas en un auto que él mismo manejaba por Teherán, se llevó el Oso de Oro; 3 Faces obtuvo el premio al mejor guion en Cannes en 2018, y No Bears sumó el Premio Especial del Jurado en Venecia en 2022. Ese mismo año fue detenido y encarcelado en Evin; recuperó la libertad el 3 de febrero de 2023, después de una huelga de hambre, y la Justicia iraní terminó anulando la condena que pesaba sobre él desde 2010.

La Palma de Oro, el regreso a Teherán y una nueva condena

El 24 de mayo de 2025, Panahi ganó la Palma de Oro en Cannes por Un simple accidente (It Was Just an Accident), la historia de un grupo de exprisioneros políticos que creen reconocer al hombre que los torturó y deben decidir si se vengan. La filmó como casi todo lo suyo de los últimos quince años: en secreto, sin permiso de rodaje, con un equipo mínimo y actrices que no siempre llevan el velo obligatorio. Fue su primera presencia física en la Croisette en más de una década y media, y al terminar el festival hizo lo que pocos esperaban: volvió a Irán.

La película se convirtió además en un fenómeno de temporada de premios. Francia, país de su productor, la eligió como candidata al Oscar, y en la 98ª edición de los premios de la Academia, celebrada el 15 de marzo de 2026, compitió en dos categorías: mejor película internacional y mejor guion original. No ganó esa noche —la estatuilla internacional fue para Sentimental Value—, pero cosechó el premio del National Board of Review a la mejor película internacional, tres galardones en los Gotham Awards (dirección, guion y película internacional) y cuatro nominaciones a los Globos de Oro, incluida mejor película dramática. En paralelo, la presión en su país no cedió: según se conoció el 1 de diciembre de 2025, el Tribunal Revolucionario de Teherán lo condenó en ausencia a un año de prisión, dos de prohibición de salir del país y la inhabilitación para integrar agrupaciones, otra vez por propaganda contra el régimen; su abogado, Mostafá Nili, anunció la apelación.

Un cineasta que convirtió la restricción en lenguaje

A los 66 años, Panahi ocupa un lugar que ningún premio termina de medir. Sus películas de la etapa prohibida —rodadas en departamentos, autos y pueblos de frontera— demostraron que el cine puede hacerse con casi nada cuando hay una mirada detrás, y transformaron cada estreno suyo en un acontecimiento político además de artístico. En una entrevista con CNN en Español durante la campaña del Oscar lo resumió con una idea que ordena toda su filmografía: el cine no puede dejar atrás a la sociedad.

Su influencia se verifica en las dos puntas del oficio. Para la generación de cineastas iraníes que filman sin permiso, es la prueba de que se puede; para los festivales y las academias de Occidente, el recordatorio incómodo de que la libertad creativa sigue costando cárcel en buena parte del mundo. Mientras la apelación de su última condena sigue su curso, Panahi continúa donde eligió estar: en Irán, con una cámara cerca.