Diego Luna, cuarenta y seis años entre la actuación, la dirección y la producción
Diego Luna combina la actuación con la dirección y la producción, y participó en la creación de las productoras Canana Films y La Corriente del Golfo y del festival Ambulante.
Su madre murió en un accidente de auto cuando él tenía dos años. Su padre es uno de los escenógrafos más importantes de México, y él se crió entre los decorados que ese hombre diseñaba. Actuó por primera vez a los siete y fue estrella adolescente de telenovelas antes de que Y tu mamá también lo volviera conocido fuera del país, en 2001. Después armó dos productoras, fundó el festival de documentales más grande de América Latina, interpretó a un capo del narcotráfico, se convirtió en el primer protagonista latino de una serie de Star Wars y en 2026 estrenó su cuarta película como director en el Festival de Cannes.
Huérfano a los dos años, en un teatro
La biografía arranca con una ausencia y un oficio.
Su madre, Fiona Alexander, era diseñadora de vestuario británica y murió en un accidente de auto cuando él tenía dos años. Lo crió su padre, Alejandro Luna, que es uno de los escenógrafos más respetados de México y trabajó en teatro, cine y ópera durante décadas.
Eso define el lugar donde creció. No fue un chico que descubrió la actuación en un casting: creció entre los montajes que diseñaba su padre, en los ensayos, detrás de los telones. A los siete años hizo su primera obra.
De ahí pasó a la televisión y fue estrella adolescente de telenovelas mexicanas, el circuito más industrial y menos prestigioso de la actuación en su país. Vale señalarlo porque es la parte que su generación suele tapar: antes del cine de autor hubo años de oficio en producciones masivas.
2001: la película que cambió la escala
Y tu mamá también, dirigida por Alfonso Cuarón, lo puso en el mapa internacional junto a Gael García Bernal, amigo suyo desde la infancia.
A partir de ahí su carrera se partió en dos circuitos que nunca abandonó. Por un lado el cine estadounidense: trabajó con Steven Spielberg en La terminal, con Kevin Costner en Open Range, con Gus Van Sant en Mi nombre es Harvey Milk y con Neill Blomkamp en Elysium. Por el otro el cine mexicano y latinoamericano, donde siguió actuando y empezó a producir.
En 2025 protagonizó la adaptación de El beso de la mujer araña, sobre la novela de Manuel Puig.
El aparato que armó con Gael
Lo que más lo distingue de otros actores de su generación no está en la pantalla.
Con García Bernal fundó Canana Films y después La Corriente del Golfo, dos productoras que financiaron cine mexicano y latinoamericano cuando hacerlo era muy difícil. Y juntos crearon Ambulante, un festival de cine documental que funciona como gira: en lugar de esperar al público en una sala de la capital, lleva las películas a distintos estados del país.
El razonamiento detrás de Ambulante es el que cualquier productor latinoamericano reconoce. El documental es el género con menos pantallas y menos presupuesto, y en un país grande la distribución es el cuello de botella. Armar una gira en vez de un festival fijo resuelve el problema por el lado de la logística.
A eso sumó Pan y Circo, un programa de conversación sobre temas sociales y políticos que ganó un Daytime Emmy, y la serie Todo va a estar bien.
Cassian Andor
En 2016 interpretó a Cassian Andor en Rogue One, la primera película derivada de Star Wars, y el personaje volvió en 2022 convertido en serie propia.
Andor se extendió por dos temporadas, hasta 2025, y le dio dos nominaciones al Globo de Oro. En entrevistas describió el final como agotador y dijo que no cree que una experiencia así le vuelva a pasar en la vida.
El dato que importa para su trayectoria es de otro orden. Un actor mexicano quedó al frente de una franquicia global sin cambiar de acento ni de nombre, y el personaje se volvió el eje de la producción más elogiada de la saga por la crítica. Para una industria que durante décadas ofreció a los actores latinoamericanos papeles de reparto definidos por su origen, eso es un corrimiento.
Lo que se le discute
Hay dos frentes donde su trabajo genera debate, y vale tratarlos de frente porque los dos vienen de haber elegido terrenos incómodos.
El primero es Narcos: México, donde entre 2018 y 2020 interpretó a Miguel Ángel Félix Gallardo, fundador del cartel de Guadalajara. En México la ficción sobre narcotráfico es un género discutido: se le reprocha volver atractivas a figuras que dejaron miles de muertos, y cada producción nueva reabre la pregunta sobre si contar esas historias las explica o las publicita. Luna aceptó un papel protagónico en el centro de esa discusión, con un personaje que no ofrece ninguna salida heroica.
El segundo es político. Con Pan y Circo se puso a conversar en cámara sobre aborto, migración, violencia y desigualdad, y su activismo en materia migratoria lo instaló en un debate donde un actor popular paga costos. Cualquiera que opine sobre esos temas en México pierde una parte de su público, y él lo hizo igual.
Las dos decisiones tienen la misma lógica: eligió los temas que su país discute en lugar de los que lo mantendrían cómodo.
Cannes y Sarajevo, 2026
Su cuarta película como director es la más ambiciosa.
Ceniza en la boca adapta la novela de Brenda Navarro y cuenta la experiencia de una joven inmigrante en España. Se estrenó en el Festival de Cannes en mayo de 2026, donde recibió una ovación de pie, y la crítica internacional la cubrió con reseñas divididas: hubo elogios para el tema y reparos sobre el ritmo.
Antes había dirigido Abel en 2010, César Chávez en 2014, sobre el líder sindical chicano, y Mr. Pig en 2016.
El reconocimiento llegó en agosto. En la 32.ª edición del Festival de Cine de Sarajevo, realizada entre el 14 y el 21 de agosto de 2026, recibió el Corazón Honorario de Sarajevo, la máxima distinción honorífica del festival. El director del evento, Jovan Marjanović, señaló que construyó una carrera que se mueve entre grandes producciones internacionales e historias profundamente humanas que reflejan la riqueza de la cultura latinoamericana. Luna presentó la película ahí y dio una clase magistral para cineastas jóvenes.
El año anterior, Time lo había incluido entre las cien personas más influyentes del mundo.
Lo que viene
A los 46 años su agenda está repartida entre los tres oficios y ninguno parece subordinado a los otros.
Vive en Ciudad de México desde 2017, está en pareja con la actriz Marina de Tavira desde 2019 y tiene dos hijos de su matrimonio con Camila Sodi, con quien estuvo casado entre 2008 y 2013.
Lo que sostiene su posición no es ninguno de los papeles grandes. Es haber construido, en paralelo a la carrera de actor, la infraestructura para que otras películas existan: dos productoras, un festival que recorre el país y un catálogo de títulos que financió sin protagonizar.