Manuela Carbone: cocina argentina a fuego abierto en Washington
Manuela Carbone está al frente de la cocina de Brasero Atlántico, en Washington D. C.
Cuando se habla de cocina argentina en el exterior, la conversación suele terminar en la parrilla. Manuela Carbone trabaja para que empiece ahí y siga mucho más lejos. Nacida en Buenos Aires y formada en cocinas con estrellas Michelin de tres continentes, es la chef ejecutiva de Brasero Atlántico en Washington D.C., la pata gastronómica del desembarco en Estados Unidos de Florería Atlántico, el bar porteño de Tato Giovannoni que llegó a figurar entre los mejores del mundo. Desde Georgetown, Carbone cuenta con fuego, charcutería y recetas de inmigrantes una historia que ella repite en cada entrevista: la cocina de su país va mucho más allá de la carne y el asado.
De Buenos Aires al mundo, con escala en el fuego nórdico
Su recorrido profesional arrancó en Buenos Aires y siguió por tres ciudades que marcaron etapas distintas de su cocina: San Francisco, Estocolmo y Washington. En ese tránsito pasó por cocinas distinguidas con estrellas Michelin en tres continentes, un circuito de alta exigencia donde, según contó en entrevistas recientes, tuvo que esforzarse más que sus compañeros varones para ganarse determinadas estaciones y puestos. Vivir afuera, dice, le cambió la mirada sobre la igualdad de género dentro de las cocinas profesionales.
La escala sueca resultó decisiva. Fue en Estocolmo donde profundizó su dominio del fuego abierto, la técnica que hoy define su trabajo y que conecta la tradición nórdica de las brasas con el instinto argentino por la llama. Esa combinación —rigor de cocina europea de alto nivel y memoria parrillera rioplatense— es la que terminó llamando la atención del equipo que buscaba una chef para llevar la cocina argentina a la capital de Estados Unidos.
Brasero Atlántico: la cocina argentina aterriza en Georgetown
En 2025, Carbone asumió como chef ejecutiva de Brasero Atlántico, que abrió sus puertas en el 1066 de Wisconsin Avenue, en el barrio de Georgetown, junto a la primera sede estadounidense de Florería Atlántico. El proyecto reúne al bartender Renato “Tato” Giovannoni —creador del bar porteño que escaló hasta los primeros puestos del ranking The World’s 50 Best Bars— con el cofundador Alex Resnik, y suma a Rikka Johnson, con años de experiencia en operaciones de alta gama, en la supervisión del día a día.
La propuesta que conduce Carbone no es un asador más. Brasero, que ya había crecido de Buenos Aires a Barcelona y Bahréin, celebra la cocina argentina moldeada por las olas inmigratorias: fuego abierto, charcutería artesanal y cortes premium atravesados por influencias italianas, francesas, españolas, judías y libanesas. En Washington, la carta propone una lectura moderna y sustentable de ese recetario de barcos y conventillos, con la chef como traductora entre la memoria culinaria argentina y un público norteamericano que suele conocer solo la punta parrillera del iceberg.
Simple, rica, cálida: una filosofía en tres palabras
Cuando Marie Claire le pidió definir su cocina en tres palabras, eligió estas: “Simple, rica, cálida”. La frase funciona como declaración de principios. Carbone desconfía de la sofisticación vacía y mide el éxito con una vara concreta: que la gente salga contenta del restaurante y que el equipo de trabajo funcione bien. Para una chef formada en cocinas de máxima presión, poner al equipo en el centro de la definición dice bastante sobre su manera de liderar.
Su cabeza, mientras tanto, ya está en el próximo aprendizaje. En las mismas entrevistas contó que quiere profundizar en el mundo de los fermentos, un territorio técnico que dialoga con su experiencia nórdica y que le permitiría sumar capas de sabor a un recetario construido sobre el fuego. Y aunque vive y cocina en Estados Unidos, el mapa afectivo no se le movió: “Hoy veo a la Argentina como mis raíces y mis bases”, resumió en octubre de 2026.
Una embajadora de la nueva gastronomía argentina
La prensa especializada de su país ya la presenta como la chef argentina que lleva su identidad por el mundo, y la de Washington la bautizó “la mujer junto a las llamas”. Los dos títulos describen lo mismo desde orillas distintas: una cocinera que convirtió su recorrido internacional en una plataforma para contar la Argentina completa, la de los inmigrantes que trajeron pastas, embutidos y especias, y no solo la del bife de chorizo. Al frente de Brasero Atlántico, con el respaldo de una de las marcas más reconocidas de la coctelería mundial, Carbone tiene por delante la tarea de consolidar ese relato en una de las plazas gastronómicas más competitivas de Estados Unidos. El fuego ya está encendido.