Ady Beitler: fundador de Nilus premiado por el Foro Económico Mundial
Ady Beitler dejó su carrera en el BID para crear Nilus, una compañía que combina tecnología, compras comunitarias y logística para abaratar alimentos y reducir desperdicios.
Dice que no llegó hasta acá por tener una sensibilidad social fuera de lo común, sino por haberse sentado a leer. Abogado formado en Montevideo y Harvard, con años de carrera en el BID, Ady Beitler dejó el organismo multilateral para fundar Nilus, una compañía que ya ayudó a 650.000 personas de bajos ingresos a pagar menos por su comida.
De Montevideo a Washington, con escala en Harvard
El recorrido formativo de Beitler empezó en la Universidad de Montevideo, donde estudió abogacía, siguió con una maestría en la Facultad de Derecho de Harvard y sumó después una certificación en gestión avanzada de proyectos en Stanford. Nada en ese currículum anticipaba una empresa dedicada a abaratar la comida en barrios populares.
Su carrera profesional transcurrió dentro del Banco Interamericano de Desarrollo, entre las oficinas de Buenos Aires y Washington. Llegó a especialista senior en integración y comercio, conduciendo proyectos de base tecnológica para facilitar el comercio exterior: ConnectAmericas.com y la Ventanilla Única Comercial Argentina fueron dos de ellos. También coordinó el grupo de trabajo de Economía Digital del Diálogo Empresarial de las Américas y trabajó en iniciativas de apoyo a pequeñas empresas en todo el continente.
Ese pasado explica bastante de cómo funciona Nilus hoy: alguien acostumbrado a mover procesos entre gobiernos, organismos y sector privado, con la paciencia burocrática que eso exige.
El enojo como punto de partida
Beitler suele describir el origen de la empresa en términos bastante poco épicos. No se presenta como alguien con una inteligencia emocional particular ni con una vocación social que le viniera de fábrica. Dice haber llegado a Nilus estudiando, leyendo y quedándose sentado hasta entender el problema.
Lo que sí reconoce es un motor emocional concreto, y es una bronca: le indigna que los pobres paguen más caro. Esa asimetría, conocida en la literatura económica pero rara vez atacada con herramientas de mercado, se convirtió en el eje del negocio.
Antes de fundar la empresa hubo decisiones que él mismo califica de valientes: dejar el BID, viajar a Haití después del terremoto, y elegir cambiar las cosas emprendiendo en lugar de hacerlo desde la política.
Qué hace Nilus exactamente
La compañía, incubada en Harvard Innovation Labs, ataca las ineficiencias de la cadena de suministro alimentaria por tres vías simultáneas.
La primera es el rescate de alimentos. Usando geolocalización, big data, tableros de visualización y algoritmos de optimización de rutas, identifica comida a punto de desperdiciarse y la lleva lo antes posible a comedores sociales cercanos. Las instituciones reciben esos alimentos sin costo, porque son donaciones, y solo pagan el envío.
La segunda es la compra comunitaria. Nilus agrupa los pedidos de muchas familias o de varios comedores barriales para negociar precios colectivos, algo que ninguno podría conseguir por separado. Beitler lo resume como ordenar las órdenes de compra para acceder a descuentos.
La tercera es la desintermediación pura: conectar productores directamente con escuelas, ollas populares y hogares vulnerables, sacando eslabones de la cadena. Por esa vía, según el Programa Mundial de Alimentos, los costos pueden bajar hasta un 70%.
Todo eso se apoya en Mercadito Nilus, su marketplace digital, que además traza las compras, ordena los procesos de abastecimiento y permite monitorear qué se compra y a qué precio.
La alianza con Naciones Unidas
El vínculo con el Programa Mundial de Alimentos empezó en 2023, cuando Nilus se sumó al acelerador de innovación del organismo y lanzó operaciones en Perú con un piloto de logística de última milla que alcanzó a 9.000 personas.
En 2024 la colaboración se extendió a Colombia, con foco en comunidades migrantes venezolanas, y a Ecuador, donde la plataforma digitaliza los catálogos de alimentación escolar y conecta a pequeños productores con compradores institucionales. Ese programa ya sirvió comidas nutritivas de bajo costo a más de 25.000 chicos en edad escolar.
Nilus también fue la primera empresa en recibir un préstamo del WFP Innovation BRIDGE, el instrumento creado por el Programa Mundial de Alimentos junto al Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización.
Los números
Las cifras acumuladas que reporta el organismo hablan de 650.000 personas de bajos ingresos alcanzadas, con un ahorro promedio del 22% en sus compras de alimentos, 6,6 millones de kilos de comida entregados y alrededor de 7.000 toneladas de CO2 equivalente evitadas. A eso se suman unos 183.000 dólares de ingresos generados para líderes comunitarias, un dato menos visible pero que muestra que el modelo también remunera a quienes lo sostienen en el territorio.
Para dimensionar la velocidad: a mediados de 2023, la prensa uruguaya hablaba de 534.000 beneficiarios. En poco más de dos años esa base creció más de un 20%.
El reconocimiento internacional
En 2023 la Fundación Schwab, el brazo del Foro Económico Mundial dedicado al emprendedurismo social, lo distinguió como Emprendedor Social del Año. La compañía había ganado antes el premio HRI Humanitarian Impact and Resilience Challenge del propio Foro y el Virtual South Summit LATAM Edition en 2020, además de integrar la lista Impact 100.
Su ficha en el Foro Económico Mundial lo describe como cofundador y CEO de una empresa social que usa tecnología y modelos de economía colaborativa para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, con especialidad en emprendedurismo social, alivio de la pobreza, nutrición y logística de última milla.
Una filosofía que discute el sentido común
Beitler tiene una posición explícita contra el proverbio más citado del sector social. Ni regalar el pescado ni enseñar a pescar: venderlo. Vendérselo a esa persona como a cualquier otra, porque eso es lo que da dignidad y lo que la incluye en la economía en condiciones justas.
Es una posición que en los comienzos le trajo problemas. Cuenta que Nilus fue mirada con especulación y prejuicio, porque la idea de atacar la pobreza desde una empresa privada, cobrando, incomoda a mucha gente. Su respuesta es que profesionalizar el trabajo social es lo que permite escalarlo.
Sobre el sentido del trabajo tiene una formulación bastante inusual entre CEOs. Sostiene que el objetivo no es el dinero, ni el reconocimiento, ni el legado, y tampoco hacer lo que a uno le gusta. Para él, el trabajo sirve para darle sentido al propio dolor: encontrar un problema que duele y hacer algo para que la gente viva mejor.
Lo que lee
Cuando le pidieron que compartiera su método, respondió con una lista de once libros. Aparecen Clayton Christensen y su paradoja de la prosperidad, Esther Duflo sobre economía de la pobreza, Peter Thiel sobre construcción de compañías, Nassim Taleb por partida doble, Richard Dawkins, Robert Wright, Adam Grant, la autobiografía de Gandhi y dos clásicos estoicos, Séneca y Marco Aurelio.
Es una biblioteca reveladora: mitad manual de negocios, mitad tratado sobre el azar y la conducta humana. Encaja con alguien que insiste en que el mérito no estuvo en la empatía sino en el estudio.
Qué tipo de líder es
Beitler no encaja en el molde del emprendedor tecnológico ni en el del activista. Viene de la maquinaria multilateral, entiende cómo se mueven los organismos, y usa ese conocimiento para hacer que una empresa privada opere dentro de programas de Naciones Unidas sin perder lógica de negocio.
Rodeó el proyecto de perfiles complementarios: entre ellos Ruben Sosenke, uno de los fundadores de PedidosYa, que aporta la experiencia de haber construido logística de última milla a escala regional.
El resultado es una compañía de triple impacto que no vive de donaciones sino de vender más barato, y que puede mostrar en una misma planilla toneladas de alimentos, porcentajes de ahorro y emisiones evitadas. Beitler quiere que esa planilla siga creciendo, y su argumento para lograrlo sigue siendo el mismo que lo sacó del BID: le calienta que los pobres paguen más caro.