Gastón Duprat, el creador de El encargado y El ciudadano ilustre
Gastón Duprat construyó junto a Mariano Cohn una de las trayectorias más reconocidas del cine y la televisión argentina, con títulos como El ciudadano ilustre, Competencia oficial, El encargado y Homo Argentum.
Empezó haciendo videoarte experimental en los noventa y terminó dirigiendo la película argentina más taquillera de los últimos años. Junto a Mariano Cohn, su socio desde hace tres décadas, Gastón Duprat construyó una obra que se ríe del mundo al que él mismo pertenece: el arte contemporáneo, los museos, los artistas convencidos de su superioridad moral. Por el camino ganó un Goya, una Copa Volpi en Venecia, una Rosa de Oro y un puñado de Premios Platino, vio cómo Francia adaptaba dos de sus películas y Hollywood otra, y se acostumbró a que sus estrenos vengan acompañados de alguna denuncia gremial o política.
Bahía Blanca, el videoarte y una sociedad que lleva treinta años
Duprat nació en Bahía Blanca en diciembre de 1969. Su recorrido no empezó en el cine industrial sino en los márgenes: obras de video experimental que circularon por festivales nacionales e internacionales durante los noventa, con títulos como El hombre que murió dos veces, Cirugía en pañales, Camus, Circuito, Hágalo usted mismo y Soy Francisco López. Ese trabajo le valió el Premio Leonardo en 1999 y, en 2002, un Diploma al Mérito de los Konex en la categoría Video Arte, compartido con Cohn.
La sociedad con Mariano Cohn arrancó a mediados de esa década y no se interrumpió. Juntos son dueños de la productora Televisión Abierta, que toma su nombre del programa con el que rompieron los moldes de la televisión argentina a fines de los noventa. Hay una tercera pata estable en el equipo: Andrés Duprat, hermano de Gastón, guionista de la mayoría de sus proyectos y durante años director del Museo Nacional de Bellas Artes.
Antes del cine: televisión que no se parecía a nada
Antes de instalarse en la pantalla grande, la dupla inventó formatos. Televisión Abierta abrió el micrófono a gente común y volvió en varias temporadas a lo largo de dos décadas. Cupido llevó las citas a ciegas a la TV local. El Gordo Liberosky funcionó como microficción. Cuentos de terror tuvo al escritor Alberto Laiseca contando relatos frente a cámara, un programa de culto que sobrevive en la memoria de varias generaciones. Varios de esos formatos se adaptaron después en España, Estados Unidos, Italia y Japón.
También dirigieron dos canales públicos: Ciudad Abierta, de la Ciudad de Buenos Aires, entre 2003 y 2005, y Digo, de la provincia, en 2012.
Las películas: el arte como escenario del crimen
El cine de Cohn y Duprat vuelve una y otra vez al mismo terreno. Yo, presidente reunió entrevistas con Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. El artista metió el bisturí en el mercado del arte contemporáneo. El hombre de al lado se rodó dentro de la Casa Curutchet, la única obra de Le Corbusier en América Latina, y se llevó el premio al mejor guion en el Festival de Mar del Plata. Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo partió de un cuento de Laiseca. También produjeron documentales, entre ellos uno sobre León Ferrari, y experimentos como Living Stars y Todo sobre el asado.
El salto internacional llegó con El ciudadano ilustre en 2016: un escritor argentino ganador del Nobel que vuelve a su pueblo natal. Óscar Martínez ganó la Copa Volpi al mejor actor en Venecia y la película se llevó el Goya a Mejor Película Iberoamericana y dos Platino. Competencia oficial, con Penélope Cruz y Antonio Banderas, compitió en Venecia y ganó el Platino a la mejor comedia.
El reconocimiento se mide también en un formato menos glamoroso pero más elocuente: las remakes. El ciudadano ilustre tuvo versión francesa; Mi obra maestra también; 4×4 fue rehecha en Brasil, en la India y en Estados Unidos, con Bill Skarsgård. Hay en preparación una versión inglesa de El hombre de al lado y una brasileña de Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo.
El encargado y la trilogía de las apariencias
El acuerdo con Disney en la Argentina cambió el ritmo de trabajo. Duprat calcula que la productora estuvo detrás de unas veintitrés series, de las cuales solo tres llevan su firma como director: El encargado, Nada y Bellas artes.
El encargado, con Guillermo Francella en el papel de Eliseo Basurto, se convirtió en un fenómeno. Fue nominada al Emmy Internacional, ganó la Rosa de Oro y, según su propio creador, es la serie más vista en la historia argentina. Duprat lo explica sin misterio: el edificio es un territorio que todos conocen y sobre el que todos tienen una anécdota. Nada sumó a Luis Brandoni y a Robert De Niro. Bellas artes trasladó la mirada a un museo de arte contemporáneo de Madrid, con Óscar Martínez como un director petulante y anticuado; ahí Duprat y Cohn figuran como showrunners y no como directores, porque instalarse en España era inviable y el rodaje quedó a cargo de Martín Bustos, con todo el concepto y el tono diseñados de antemano.
La idea de contar la cara B de un museo, aclara Duprat, venía dando vueltas desde hacía quince años.
Una poética del sarcasmo
Consultado sobre su método para construir personajes ambiguos, Duprat rechaza la idea de un plan. Dice que no se sienta a decidir ser sarcástico: la realidad le parece eso, y su mirada la reproduce sin traducción. Lo que otros llaman zona oscura de un personaje, él lo llama zona clara.
El blanco preferido es su propio ambiente. Sostiene que critica el mundo artístico porque le pertenece y tiene autoridad para hacerlo, y porque son sus propias ideas las que quedan expuestas a la burla. Le molesta especialmente la convicción de que los artistas son moralmente superiores o más sensibles que el resto: le genera rechazo y, al mismo tiempo, le causa gracia. Su argumento de fondo es que reírse del modo de vida propio evita que ese modo de vida se convierta en una cárcel.
Los actores no son intercambiables en ese esquema. Los personajes se construyen a partir de ellos: habla primero con Francella, Brandoni o Martínez, y si el camino les interesa, se avanza. Cada uno produce una comedia distinta, y esa diferencia forma parte del diseño.
Los enojos que sus obras provocan
Duprat no esquiva las controversias; en buena medida las administra. Con El encargado, el INADI lo llamó preocupado por el tráiler y buscó frenar la emisión, el gremio de encargados de edificios manifestó su malestar y hubo hasta gestiones desde el entorno del entonces presidente Alberto Fernández. Su lectura del episodio es puramente pragmática: todo eso circuló en la prensa y ayudó a que nadie quisiera perderse la serie. Cuando le preguntaron por la tercera temporada, anticipó que sería la más picante y que quienes se habían enojado iban a enojarse más.
Sus declaraciones públicas también dividieron aguas. Sobre los recortes a la cultura, planteó una posición de dos filos: dijo que el ajuste no le parecía motivo de festejo, pero también que el INCAA venía funcionando mal desde hacía muchos años y que esa responsabilidad no era atribuible solo a la gestión de turno. La frase que más repercutió fue otra: que los artistas se creen más importantes que las personas comunes y que hay que subsidiarlos, algo con lo que no acuerda, aclarando que él mismo es artista y que su profesión no le otorga superioridad alguna.
En materia de cancelación cultural, sostiene que en muchos casos se pasan de rosca y que no está de acuerdo con ninguna acción que censure la obra de un autor. El vandalismo sobre estatuas le parece una protesta poco efectiva, porque el acto tiene repercusión pero el motivo casi nunca llega a comprenderse. Menciona, además, que no usa redes sociales ni sigue de cerca lo que generan.
Homo Argentum: el récord y la disputa
En agosto de 2025 estrenó Homo Argentum, una película episódica de dieciséis relatos breves protagonizados íntegramente por Guillermo Francella, rodada entre la Argentina e Italia. El resultado comercial fue extraordinario: cerca de medio millón de espectadores en los primeros cuatro días, más de un millón a los once días y alrededor de un millón y medio a las tres semanas. Fue el mejor arranque de fin de semana en la carrera de la dupla y el segundo mejor debut histórico para una película argentina. Llegó a Disney+ en diciembre, después de un recorrido largo en salas y estrenos escalonados en Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Ecuador y Brasil.
La película también se convirtió en objeto de disputa política antes incluso de estrenarse, con oficialismo y oposición apropiándose del debate. La crítica quedó dividida: hubo reseñas duras que la consideraron menor y otras que celebraron su capacidad de mover el amperímetro. Duprat suele decir que le gusta que sus trabajos aviven la discusión, y en ese sentido el resultado fue exactamente el buscado.
Lo que viene
El proyecto siguiente lo saca de su geografía habitual: una película a rodarse en Nueva York con Robert De Niro y Julianne Moore. Después de años de trabajo casi exclusivo en formato seriado, Duprat expresó la intención de volver al cine como lo hacían antes, proyecto por proyecto, con cada película funcionando como un evento en sí misma.